Las doctrinas huecas de pensadores vacíos
que destruyen sin crear
siempre me han olido mal.
Su lenguaje huele a mierda
y su doctrina sabe a caca,
tan solo infecta y degrada.
Sin bondad no hay verdad.
Lo siento, detesto el semántico
funambulismo grandilocuente de
los eruditos voceadores de la nada.
Sin bondad no hay verdad.