jueves, 9 de septiembre de 2010


Me deshago de lo que no me sirve y conservo solo lo esencial. Es un largo camino.

Nacemos sin conciencia, ésta se nos forma a través de toda nuestra vida y es imposible impedir que se expanda. Algunos de los aspectos que contribuyen en la formación de nuestra conciencia son la familia y la cultura en la que vivimos. Para un musulmán es normal matar a una mujer por leer la Biblia, ya que según su cultura la Biblia es un libro herético, o para un judío es normal apriedrar a todo aquel que sea sorprendido en pecado.

En mi opinión esas conciencias son conciencias heredadas por sus ancestros, que ya están obsoletas, conciencias arcaicas de hace varios siglos atrás, conciencias encerradas en su cuadrado casi irrompible.

Yo busco expandir mi conciencia. La conciencia no es solo intelecto, va más allá; también es corazón, el intelecto se realiza cuando cesa su dialogo interno, cuando cesan las preguntas y respuestas, en la vacuidad. El corazón se realiza cuando cesan los prejuicios y solo se entrega amor. El reflejo de una conciencia bien expandida es cuando ya no necesitas el traje rígido de la personalidad o del carácter, cuando te haces fluido, como el agua. Cuando tu personalidad formada por esa cultura, religión, filosofía, idiosincrasia, etc. Se pliega ante tu esencia y eres tú. La esencia de la sabiduría griega escrita en sus templos se resume en dos frases: Nada para mi que no sea para los demás, y "Nada de más" Y yo agregaría "Nada de menos", dar en el justo medio.

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