Apareciste en la oscuridad, nunca te imaginé llegar, y te
escondiste y me hiciste buscar las huellas y sombras que dejaste al pasar.
En casa me refugio del amor, la construí en un desierto sin
sol. Entre las sábanas la niña murió, la despedimos con risas y alcohol.
No me mires sin mirarme a los ojos, no me robes el sol que
se esconde en tu corazón.
El otro día tomamos un tren que nos llevó hasta la orilla
del mar, el tiempo nos engañó otra vez; nos sumergió y no nos quiso sacar.
Sobre los techos se acuesta el calor, entre tu pelo se esconde la sal, el
viento se deshizo de los dos vagando desnudo entre risas y alcohol.
No me mires sin mirarme a los ojos, no me robes el sol que
se esconde en tu corazón, no te escondas
nunca más si mi voz no te alcanza, no te rías de mí si sonrío al salir el sol.
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