sábado, 5 de junio de 2010

El amor, antes que nada, es una belleza. La naturaleza de Dios.

Y Dios es estética pura. Basta ver la plenitud de la naturaleza para constatarlo, y sentirlo, vibrarlo, olerlo, tocarlo, oírlo, verlo, saborearlo, y vivirlo.

Belleza es cuando la armonía florece, la paz luce esplendorosa y la estética desnuda a Dios.

Creo en la estética del amor.


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