miércoles, 2 de junio de 2010

La razón es tan solo un sistema de creencias. Cuando éstas dejan de creerse, colapsa.

Por siglos, fuimos educados a comprar la razón de los poderosos a cambio de negar la verdad desnuda de nuestro corazón. Compramos la guerra como compramos la pobreza, Compramos las enfermedades como compramos la muerte, compramos los abusos al igual que nosotros abusamos de nosotros mismos, compramos los dogmas a cambio de una vida cómoda pero ignorante.

Era el mundo de las apariencias, donde nos hicieron olvidar que somos seres luminosos con tal de convertirnos en consumidores racionales. Nos educaron para comprar las medias verdades del sistema de la doble moral, y comprar la mentira oficial y los miedos y las culpas, y comprar la corrupción como forma de poder.

Fue en esos tiempos cuando descubrí que el sistema de la razón era tan sólo un conjunto de creencias impuestas a través del miedo. Creencias que no compartía en el fondo de mi corazón, me daba cuenta, pero me daba miedo abrir los ojos.

La razón nos dividía entre víctimas y culpables, y nos hacía creer que la realidad venía del pasado, y que nosotros tan sólo éramos víctimas de las circunstancias, y que la mentira era lo políticamente correcto, porque la verdad es peligrosa.

Una manera de ver las cosas que nos otorgó mucho conocimiento a cambio de desconectarnos de la divinidad. Mucha teoría, poca práctica. Muchas razones, pocos latidos. Mucha palabra hueca, poco verbo en acción.

El conocimiento es el fruto del árbol del bien y del mal que nos separó de nuestro propio paraíso terrenal.

Habíamos endiosado la teoría del conocimiento menospreciando la magia de la experiencia presente, y el amor ES la experiencia presente, la sincronía divina, la luz del Espíritu en uno.

Es el turno de la experiencia del amor, uno es el verbo en acción, uno que cree es más poderoso que millones que no, dice Spooky. Porque uno es el poder creador de la realidad.

Somos la experiencia de Dios en vivo, el amor encarnado, la luz esculpida, el Espíritu hecho realidad, somos Dios en uno.

Es el turno del amor, tiempo presente, evolución humana.

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